Se le tue radici ti chiamano, vai!

Y un día llegué al paisaje que imaginé por cuarenta y un años…

Quien haya tenido la dicha de disfrutar de unos nonnos, sabe de lo que hablo. Cada palabra escuchada, cada anécdota magnificada, cada nostalgia que se colaba en esos recuerdos que escuche por tantos años, todo, todo estaba delante de mi.

De Roma a Salerno, de Salerno a Agropoli y desde la estación de buses un taxi que no teníamos certeza de que haya entendido nuestro pedido de venir a buscarnos. Subir esa montaña nos llevó casi media hora, gracias a esta taxista del pueblo, que llegó en punto y era de las pocas  que sabía el camino.

Es difícil describir lo que iba sintiendo en esa travesía, cada piedrita, cada hoja de la abundante vegetación, cada casa de lugareños que encontrabamos a nuestro paso, todo era motivo de emoción, de asombro, de pertenencia. Y no me refiero a la pertenencia que te da el nacer en un lugar, sino de esa pertenencia que sentís desde adentro, que heredaste de esos inmigrantes que te trajeron a Italia en sus relatos.

Estabamos yendo  a la «casa de la nonna», no a la casa donde pasé los mejores años de mi infancia y juventud, sino, a la casa natal, donde comenzó su vida. Una vida dedicada a la familia, una familia que terminó de formar en Uruguay. Allí quedaron sus años felices, los años en los cuales, según siempre decía, no paraba de reír. Carmela de Perdifumo, a ella fui a buscar y ahí estaba, como lo imaginé. Estaba en todos lados, en cada rincón, libre como el viento, bella como siempre. Su gente, quienes recuerdan a esa joven Carmela trabajadora, cariñosa, que un día partió hacia el otro lado del océano persiguiendo un sueño, estaban allí. Yo les hablaba de mi nonna, de sus años en Uruguay, de sus sacrificios como esposa, madre y abuela; ellos me hablaban de una joven enamorada,inocente, que con mucho dolor se alejó de su familia para acompañar a su esposo a América.

Recorrimos el pueblo de Perdifumo, acompañados amablamente por mis familiares hasta ese entonces desconocidos. Fue un sueño hecho realidad, nunca imaginé que ibamos a conseguir llegar hasta ese punto perdido en el sur de Italia, ni tampoco tuve en cuenta la emoción que me generó pisar la tierra que pisaron mis nonnos, contemplar los olivares donde jugaban a ser novios, las montañas de caminos infinitos, el mar donde se bañaban cada verano, la fuente desde donde, montaña arriba, la nonna traía el agua para abastecer a su familia, la capillita donde se casaron, en fin, la magia de la simpleza de su pueblo. 

Todavía no lo creo, pero lo viví, y lo revivo con emoción cada vez que lo recuerdo. Si quieres conocerte de verdad, tienes que responder al llamado de tus raíces, no es una frase hecha, es el regreso al origen para entender porque estás donde estás y eres quien eres. Por eso, si tus raíces te llaman, ve!

Vista desde la casa del a nonna
A %d blogueros les gusta esto: