¿Cuál es el protocolo para cuidar de los docentes?

“La maestra es la segunda madre” se puede escuchar todavía. Madre, dulce, devota, sacrificada y así podría continuar varios renglones enumerando los atributos patriarcales que se le asignan al rol de la Maestra. Y no digo al rol docente porque al ala masculina del magisterio no se le asignan tan ambiciosas virtudes. ¿Quién no recuerda a algún maestro bohemio, gracioso, desordenado, gritón? ¡Ay!, pobre de la docente a la que le caigan en desgracia tales características, una descarriada del magisterio nacional. De esa forma es que se pasan décadas dedicadas a hacerle mejor la vida a tantos y tantos estudiantes, pero relegando siempre un poco de la suya, de lo que sienten realmente y de lo que realmente son.

Un maestro que no planifique o no tenga dominio de grupo es algo casi que esperable. Allí estarán las maternales directoras para comprender cada berrinche y justificar la falta de compromiso. Ahora, cuando una maestra pretende salirse un poco del modelo impuesto, caerán sobre ella, no sólo señalamientos de sus colegas, sino advertencias de sus superiores.

Al menos dos veces al año, los maestros y maestras reciben la visita “orientadora”, que meses después será evaluativa, de la inspectora. Cual niñas a punto de dar la clase, entre nervios y sobresaltos, maestras y directoras montan la mejor puesta en escena. Todo pronto para dar la clase frente al ojo crítico de la superior jerarquía. Si hicimos caso a mamá inspectora y a mamá directora: Sote Felicitaciones para la docente. -¿Cuántos niños pensas dejar repetidores? -Mmm, ¿tantos?, dejame evaluarlos… Luego de intercambiar dos palabras con ese estudiante que necesita un tiempo extra de maduración, llega el veredicto: “pasalo”. Los números cierran, los padres están felices, otra vez las maestras desvalorizadas por las propias autoridades.

Recordemos, como se menciono en anteriores entregas, que las maestras ni siquiera cuentan con cinco minutos (durante su jornada laboral) para salirse de esa atmósfera, demandante y ruidosa, y poder respirar profundo. La atención está destinada totalmente a uno y cada uno de esos niños y niñas: en clase, recreo, salida y parada de ómnibus. Si, en muchas escuelas las maestras se quedan unos minutos extras para esperar que todos los niños de la parada suban a sus correspondientes buses (coordinado desde la dirección de la escuela). Me da mucha curiosidad saber cuántos otros profesionales cumplen y suplen tareas que les corresponden a las respectivas familias de las personas con las que trabajan; sin contar las horas en el hogar que dedican los docentes para planificar y corregir.

Tengo que reconocer, con mucha tristeza, que el magisterio uruguayo está muy desvalorizado tanto desde la opinión pública, como desde el mismo sistema educativo. Poco reconocimiento, mucha exigencia, escaso salario, todas las críticas…

Publicado por Gabriela Vecchio

Soy Gabriela Vecchio: compañera de vida, hija, hermana, tía, amiga. Estudié magisterio y ciencias de la comunicacion, me gradué en ambas disciplinas y en este momento de mi vida la escritura emergió como muestra de mi más auténtica versión. La labor docente me ha permitido desarrollar 20 años de experiencia en el ámbito de la educación de niños y niñas, logrando reconocer sus dificultades y potenciar sus fortalezas. Comparto con ustedes este espacio de reflexión e intercambio y, al mismo tiempo, desarrollo mi pasión por escribir y comunicar.

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