Salud emocional de niños, niñas y adolescentes confinados

«El estrés es la tensión que hay entre “lo que es” en este momento, y tu imagen de lo que “debería ser”».

Jeff Foster

Así define este escritor y maestro espiritual inglés, a dicho estado de cansancio mental. Considerando que la emergencia sanitaria ocasionada por la Covid-19 ha impactado tan intempestivamente en nuestras vidas, sería totalmente comprensible sentir que perdimos el control, que las cosas no son como las planificamos. El estrés no discrimina lugar, sexo ni edad.

De un momento a otro, las rutinas familiares se transformaron: padres y madres teletrabajando; escolares y liceales conectándose a internet, ahora no sólo para entretenerse, sino también, para poder seguir el contacto con sus docentes y pares. A medida que las semanas pasan, nos invade la sensación de que somos malabaristas intentando dominar tantas tareas que se superponen en un mismo espacio: trabajo, hijos, escuela, casa. Por un lado, nos encontramos con padres y madres que perdieron el norte, en lo que respecta a la puesta de límites a sus hijos, fijación de horarios y rutinas. Simultáneamente, observamos la dificultad de niños y adolescentes para transitar este confinamiento lejos de la ansiedad y el estrés. Y es que al riesgo sanitario al que, tan democráticamente, nos expone este virus, debemos sumarle las consecuencias que la incertidumbre reinante imprime en nuestra mente, y en la de nuestros hijos.  

Debemos tener en cuenta que una de las consecuencias provocadas por la cuarentena, es el desarrollo inconsciente de conductas poco saludables en algunos niños y adolescentes: situaciones de enojo, inquietud desmedida, dolencias físicas (no preexistentes) e inseguridades emocionales. De este modo, una realidad nunca antes vivida por la mayoría de nosotros pone a prueba nuestra capacidad de adaptabilidad.

En consecuencia, el aumento del nivel de estrés en muchos hogares es una realidad que afecta a todo el núcleo familiar, pero es tarea de los adultos acompañar a los más pequeños en esta particular situación, y continuar garantizando el desarrollo integral del niño. Así pues, esta situación de confinamiento, es una situación de adaptación para todos, ya que todo cambio que tenga lugar en nuestra vida implica, al principio, una pérdida de equilibrio.

El coronavirus nos encontró, hace sólo algunas semanas, distraídos con nuestra vida rutinaria. Sin embargo, nos enfrenta hoy al reto de mantener el orden en nuestro hogar, y a nuestros hijos, saludables y ocupados. Teniendo en cuenta los aportes del Dr. Ariel Gold y la Lic. Alicia Gómez en su libro Psicoeducar I, debemos comprender que el desarrollo psicosocial del niño transita a lo largo de diversos ejes. De este modo, se vuelve fundamental aunar esfuerzos y coordinar acciones entre los diferentes actores involucrados en ese proceso, para garantizar dicho desarrollo. 

Portada de Psicoeducar I, Ed. Planeta, 2015.
Portada de Psicoeducar 1, Ed. Planeta, 2015.

¿Qué podemos hacer desde casa para bajar el estrés de nuestros hijos? 

Como maestra, he vivido diferentes situaciones de crisis emocionales en el aula. Fueron innumerables las jornadas escolares que iniciábamos con la contención de algún compañero que llegaba a clase con la vivencia de haber perdido algún familiar, la separación de sus padres o una situación de violencia en el hogar. Algunos niños logran verbalizar e identificar los sentimientos que los invaden, otros, sin embargo, expresan su sentir a través de conductas disruptivas que tenemos que detectar y asertivamente modificar. ¿A qué viene todo esto? A que comprendamos que esos cambios de comportamiento en nuestros niños y adolescentes, requieren de nuestra completa atención y acción. Actitud proactiva en todo momento es nuestro lema. 

Mantener rutinas 

Para comenzar, necesitamos despertar en los niños el sentido altruista de cumplir con esta cuarentena. Así, al favorecer el desarrollo de la empatía, logramos disminuir el estrés que genera el confinamiento e incrementamos su nivel de aceptación de la situación: «nos cuidamos entre todos» . Además, les brindamos herramientas para hacer de este, un período de aprendizaje.

Sabemos que la adquisición de hábitos permite al niño sentirse seguro, principalmente a edades tempranas. Si bien es cierto que los escenarios cambiaron y todo sucede en nuestros hogares, es aconsejable seguir ciertos patrones de horarios y rutinas, para que en el niño se reduzca el impacto que provoca esta situación de «nueva normalidad». 

Es importante tener en cuenta que debemos agregar cierta cuota de flexibilidad a dichas rutinas, que sirvan como guía, sin convertirse en algo estructurado. Es decir, que estén presentes, pero que no se conviertan en nuevos estresores para nuestros hijos. Nuestra tarea es administrar ese estrés que, aunque no lo queramos, es inevitable. Para ello, además de continuar desarrollando ciertas tareas en sus horarios habituales (despertarse, comer, estudiar, acostarse, etc.), tenemos que planificar otro tipo de actividades que involucren a la familia desde lo lúdico, y desde lo emocional. Crear juegos, compartir momentos de esparcimiento, de diálogo, suman a la hora de reducir el estrés en casa. 

Hora de amigarnos con las pantallas 

Todos sabemos que la batalla entre padres e hijos, por el uso que estos últimos hacen de los dispositivos electrónicos a los que tienen acceso, es diaria e intensa. El Dr. Gold habla de las pantallas como las «enemigas del sueño», y es que la ciencia coincide en afirmar que las pantallas generan inhibición de la melatonina, principal activadora del sueño, lo que repercute negativamente en las funciones cognitivas y de autorregulación. Pero, como ya hemos comentado más arriba, estamos en un momento de adaptación, y aceptar las pantallas como aliadas en nuestra misión de llevar calma al hogar, puede hacernos más fácil la tarea. Hablamos no de prohibirlas, sino dosificar su uso. En este momento de crisis debemos dejar de verlas como enemigas, sin perder de vista el riesgo de dependencia que generan en sus usuarios. 

Es necesario comenzar por identificar las ventajas que estos dispositivos nos proporcionan para sobrellevar el confinamiento. A modo de ejemplo, favorecen la interacción de los niños con sus pares y con los docentes. A esto podemos sumarle, la estrategia de utilizarlas como premio que se otorga a cambio de una tarea realizada. Aquí la palabra clave es negociar.

Eso sí, prediquemos con el ejemplo y hagámonos cargo de nuestra relación con estos tentadores aparatitos. Los niños aprenden más de nuestras acciones, que de nuestras palabras. Asimismo, con el fin de reducir la ansiedad que despierta esta situación de incertidumbre mundial, intentemos no dedicar en el hogar más tiempo del necesario a compartir información sobre la pandemia, ya que esto no hace más que elevar los niveles de estrés, y verifiquemos que la información que decidamos compartir sea responsable.Vale la pena decir que si la peocupación en el hogar por este tema es notoria, estaremos muy lejos de llevarles tranquilidad a los niños.Debemos estar atentos a qué saben y qué necesitan saber, evitando sobrecargarlos de información

En definitiva, estamos viviendo tiempos de cambios y adaptaciones, tanto padres como hijos. Hagamos el ejercicio sanador de aceptar las imperfecciones a las que nos enfrenta esta realidad, y pidamos ayuda si es necesario. Ninguno de nosotros fue preparado para vivir una situación tan desequilibrante como la actual. Desde el rol que nos toque desempeñar, favorezcamos la regulación de las emociones, primero nuestras, y luego las de nuestros niños y adolescentes. Compartamos nuevas experiencias familiares, desarrollemos acciones que estimulen la empatía y permitan reconocer y dominar el estrés. Vamos a permitirnos, por el tiempo que la escuela esté cerrada o en línea, relajar un poco los límites que generalmente ponemos en casa. Podemos explicar a nuestros hijos que esta es una situación única, con el fin de que perciban que estos cambios son circunstanciales. Por nuestra parte, debemos comprender y aceptar que ya habrá tiempo para restablecer los límites cuando la vida vuelva a la normalidad. 

Publicado por Gabriela Vecchio

Soy Gabriela Vecchio: compañera de vida, hija, hermana, tía, amiga. Estudié magisterio y ciencias de la comunicacion, me gradué en ambas disciplinas y en este momento de mi vida la escritura emergió como muestra de mi más auténtica versión. La labor docente me ha permitido desarrollar 20 años de experiencia en el ámbito de la educación de niños y niñas, logrando reconocer sus dificultades y potenciar sus fortalezas. Comparto con ustedes este espacio de reflexión e intercambio y, al mismo tiempo, desarrollo mi pasión por escribir y comunicar.

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