Covid-19: ¿todos iguales ante la misma amenaza?

Desde el arranque, este comienzo de década ha dejado al descubierto nuestra humana vulnerabilidad frente a un enemigo tan microscópico como artero.

El nuevo integrante de la familia de los coronavirus, el recientemente descubierto SARS-CoV-2, es el causante de la enfermedad llamada Covid-19. Esta enfermedad se convirtió en pandemia, término que muchos no habíamos vivenciado aún, pero tan democrático y astuto que hoy tiene en jaque a toda la humanidad.

¿Qué es la Covid-19?

Tanto el nuevo virus, como la enfermedad, eran desconocidos por la comunidad científica hasta el inicio del brote en Wuhan (China) en diciembre de 2019.

Se trata de un virus que se contagia fácilmente de persona a persona, a través de las gotas que se expulsan cuando estornudamos, tosemos o hablamos. Al ingresar a nuestro organismo, este coronavirus provoca la enfermedad denominada Covid-19.

Es necesario estar atentos a los siguientes síntomas, principalmente después de haber estado en contacto con una persona infectada: fiebre mayor a 38°C y síntomas respiratorios (tos seca, dificultades para respirar).

De acuerdo a lo agudo del cuadro clínico, la infección por causa de este coronavirus puede causar neumonía, insuficiencia respiratoria, insuficiencia renal e incluso llevar a la muerte.

¿Cómo enfrentamos a esta amenaza global?

La Organización Mundial de la Salud (OMS), sugiere una serie de medidas de prevención que van desde la reducción de la exposición a posibles casos confirmados, a acciones más específicas como una higiene profunda de manos y cubrir la nariz al toser y estornudar.

La vacuna contra el nuevo coronavirus aún no está disponible, y cuando esto suceda las disputas por su acaparamiento serán noticia, así como tampoco hay todavía un tratamiento específico para la enfermedad que causa. La única forma que tenemos de dar batalla es con la prevención y no debemos escatimar en esfuerzos, ya que las cifras referidas a las enfermedad no dan tregua. Van 1.631.310 casos confirmados con Covid-19 en el mundo, cifra que aumenta diariamente, desde el comienzo de esta crisis sanitaria. Estados Unidos encabeza hoy el ranking de países con mayor número de personas infectadas. Con respecto a los fallecimientos derivados de este virus, suman ya 98.401 a nivel mundial, siendo Italia el país más afectado, seguido por España y Francia.

¿Todos iguales ante un mismo enemigo?

En estos tiempos de confinamiento obligatorio, de “cuidarme para cuidarte”, es común darle un toque romántico a la realidad, aunque en el fondo esté golpeando de manera más dura y con mayor distanciamiento del resto, a aquellos que viven en condiciones de desigualdad.

Hablando en términos científicos, todos somos potenciales víctimas de este virus. Sin embargo, las personas mayores de 65 años o aquellas portadoras de enfermedades crónicas o sistemas inmunes debilitados son consideradas población de riesgo, ya que son más propensas a cursar cuadros graves, pudiendo llegar incluso a la muerte.

Pues bien, si lo analizamos desde la perspectiva socioeconómica, sabemos que el mundo entero fue igualmente sorprendido por esta pandemia, pero pocos son los países que pudieron dar respuesta inmediata a esta situación.

Es tristemente real el hecho de que no todas las naciones cuentan con recursos económicos y humanos suficientes para dar batalla a esta emergencia sanitaria. Las posibilidades de testeos masivos y de desarrollar efectivas medidas de cuidados para la población quedan supeditadas a frías cuestiones de presupuesto nacional. A esto se suma el colapso del mercado de los equipos de protección personal como mascarillas, guantes y pruebas de diagnóstico. Por este motivo, la OMS está trabajando activamente para que los países más necesitados cuenten con insumos suficientes y garantizar que los trabajadores y trabajadoras de la salud puedan desempeñar sus labores de forma segura y eficaz, para salvar vidas.

Sabemos que la salud es el valor más preciado que tiene todo ser humano, pero no podemos olvidar, que ya desde antes del desencadenamiento de esta situación, el mundo giraba siendo cómplice de otro enemigo, mejor dicho, una amiga para pocos y enemiga para muchos: la desigualdad social.

El coronavirus podría aumentar la cifra de personas que viven en situación de pobreza, ya que estas poblaciones más vulnerables cuentan con muy poca capacidad de enfrentar aspectos sanitarios o socioeconómicos relacionados a esta crisis. A la inseguridad alimentaria a la que se enfrentan, por causa de los conflictos armados, países como la República Democrática del Congo y Sudán del sur; la crisis alimentaria ocasionada por la sequía que trae el cambio climático, en regiones como América Central; las crisis económicas en Venezuela, Haití, Pakistán y Zimbabwe; este 2020 le sumó el impacto de una pandemia.

De acuerdo a una proyección realizada por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Programa Mundial de Alimentos (PAM), unos 265 millones de personas podrían sufrir de hambre este año, unos 130 millones más de los que ya lo venían padeciendo. Alrededor de 2700 trabajadores de todo el mundo, un 81% de la mano de obra mundial, están siendo afectados por las medidas de confinamiento, de acuerdo a un estudio de la Agencia de Noticias EFE. Esta es considerada la peor crisis del mercado laboral desde la Segunda Guerra Mundial, declara la Organización Internacional del Trabajo (OIT), además, la entidad estima que 1250 millones de trabajadores corren riesgo de ser despedidos o perder sus salarios.

Aún más oscuro es el panorama para las mujeres. Las desigualdades de género no descansan en medio de esta catástrofe mundial, sino que se profundizan. Se hacen más visibles todavía en aspectos como el empleo y los cuidados. En base a una investigación realizada por la Facultad de Ciencias Sociales, a cargo de la socióloga Karina Batthyany, las medidas de confinamiento impactan de diferente forma en los sectores de la población. Mientras algunas personas pueden “quedarse en casa”, otras tienen dificultades para compatibilizar las tareas de cuidados y teletrabajo, o se quedaron sin trabajo e ingresos económicos. Este estudio ratifica que, como en toda crisis, la peor parte se la llevan las mujeres. Numerosos casos demuestran que los cuidados de familiares son un obstáculo para aquellas que están obligadas a seguir trabajando fuera de sus hogares, sin abuelos a disposición, centros educativos o niñeras. La COVID-19 promete volver más pobres y vulnerables a las mujeres, pudiendo agravarse , como de hecho está sucediendo, las situaciones de violencia basada en género y también la violencia doméstica contra niñas y niños.

La actual coyuntura mundial nos lleva a tener más tiempo para reflexionar y cuestionarnos sobre estas desigualdades preexistentes, que van desde las que visualizamos en nuestros entornos más próximos, a aquellas enquistadas a nivel global. Frente a esta realidad debemos aunar criterios para que el Estado logre paliar lo más equitativamente posible dichas desigualdades, dejando de lado grietas y diferencias del orden del pensamiento político partidario. Algunas preguntas quedan planteadas, sin respuestas exactas, al menos en lo inmediato: ¿Qué señales debe dar el Estado hacia el mercado laboral? ¿Cómo actúan los empleadores frente a las exigencias de cuidados que enfrentan mujeres que teletrabajan o salen de sus hogares para trabajar? ¿Es posible hallar un equilibrio entre la seguridad sanitaria de la población y la continuidad del normal desarrollo del aparato económico en países como Uruguay?

Publicado por Gabriela Vecchio

Soy Gabriela Vecchio: compañera de vida, hija, hermana, tía, amiga. Estudié magisterio y ciencias de la comunicacion, me gradué en ambas disciplinas y en este momento de mi vida la escritura emergió como muestra de mi más auténtica versión. La labor docente me ha permitido desarrollar 20 años de experiencia en el ámbito de la educación de niños y niñas, logrando reconocer sus dificultades y potenciar sus fortalezas. Comparto con ustedes este espacio de reflexión e intercambio y, al mismo tiempo, desarrollo mi pasión por escribir y comunicar.

2 comentarios sobre “Covid-19: ¿todos iguales ante la misma amenaza?

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